• Núria Estapé, science journalist

    Ganar la batalla a la deshidratación de la piel

    30 Sep Ganar la batalla a la deshidratación de la piel

     

    Fuentes:

    Dermatologic Therapy

    Nuestra piel contiene ingredientes naturales que la protegen y la mantienen hidratada. Estas sustancias forman la capa más superficial de la piel (el estrato córneo); cuando se alteran las funciones de esta cubierta externa, nuestra piel pierde agua. La sequedad cutánea es un problema muy frecuente y no siempre resulta de fácil solución. Pero, ¿por qué se seca la piel?

     

    Nos lavamos con demasiada frecuencia, usamos detergentes muy alcalinos y nos exponemos en exceso al aire seco de los aparatos de climatización. A menudo llevamos un estilo de vida que no ayuda a que la piel siga sus ciclos naturales de regeneración. Sabemos que la piel hidratada es fundamental para que la epidermis, especialmente su capa protectora exterior, mantenga su estructura y funcione correctamente. Cuando se altera su función de barrera, la piel pierde agua, se agrieta como una hoja y enseguida notamos malestar e incluso escozor. En definitiva, la piel se seca.

     

    La piel, un tejido en constante movimiento

    La piel es como un tejido que se teje y desteje constantemente. Su capa más superficial, la epidermis –cuyo grosor medio es de sólo 0,5 mm–, la protege de las agresiones externas que a menudo la deshidratan. Para que se regenere periódicamente son esenciales unas de las células vivas de la epidermis llamadas queratinocitos. Estas células tejen los hilos del estrato córneo.

     

    Anatomía de la epidermis

     

    Veamos cómo lo hacen: los queratinocitos nacen en la capa más profunda de la epidermis (estrato basal), dónde se multiplican. Luego siguen su camino hacia otro estrato más superficial, (estrato espinoso), donde maduran y se mezclan con grasas empaquetadas en unas bolsitas llamadas gránulos lamelares. Estos gránulos –que contienen ácidos grasos libres, ceramidas y colesterol– se colocan en el espacio que hay entre los queratinocitos y los mantienen unidos entre sí. Acoplados de este modo viajan hacia la capa más superficial de la epidermis (estrato córneo).

     

    Cemento y ladrillo

    En realidad, la piel que nosotros vemos no son más que los queranocitos al final de su viaje: cuando llegan a la superficie, mueren. Lo que queda de ellos, su esqueleto, forma los ladrillos de la capa protectora. Son células sin vida que resultan esenciales para que la piel se mantenga hidratada y que se van desprendiendo continuamente de la piel.

     

    Todo este proceso, desde el nacimiento de los queratinocitos hasta su muerte, se conoce como ciclo de “cemento y ladrillo”. El cemento son los lípidos (grasas) y los ladrillos, los queratinocitos muertos. Así se construye el muro de contención de la piel, puesto que ni cemento sin ladrillo, ni ladrillo sin cemento bastarían para protegerla.

     

    Esta capa se regenera cada 30 días en la piel de personas jóvenes y cada 50 (o más) en personas mayores. La piel se seca cuando los queratinocitos no logran multiplicarse o madurar correctamente, cuando lo hacen demasiado despacio o cuando los lípidos (cemento) no consiguen mantener unidos los ladrillos.

     

    El factor de hidratación natural (FHN)

    Antes de llegar a la capa externa, los queratinocitos también fabrican una molécula esencial para la hidratación de la piel, la filagrina. Se trata de una proteína que se ata a las fibras de queratina que contienen los queratinocitos y evita que se filtre el agua a través de la piel. En cuanto la filagrina termina su tarea, se deshace en los trocitos (aminoácidos) que componían su estructura.

     

    Este desecho forma parte entonces del factor de hidratación natural (FHN), un grupo de sustancias que se unen a moléculas de agua para que la piel se mantenga hidratada. Este 'cosmético fisiológico' lo componen también lípidos (grasas) en emulsión, agua procedente del sudor, ácido láctico, ácido pirrolidona carboxílico (PCA) y ácido urocánico.

     

    Agua en la piel

    Los tres elementos que retienen el agua en el interior de la epidermis para humedecerla y que impiden que entren sustancias nocivas son los queratinocitos muertos, las grasas que los mantienen unidos y el factor de hidratación natural que se obtiene de los desechos de filagrina. Cuando su función de barrera falla, la piel pierde su equilibrio: no retiene el agua y el resultado es sequedad e irritación.

     

    Hay personas que pueden sufrir de piel seca por motivos genéticos, por desequilibiros metabólicos o por agresiones externas de tipo químico o ambiental. Pero, en general, mantener una piel sana e hidratada no es tarea difícil si se siguen estos consejos:

     

    • Tome sus duchas con agua tibia y use jabones o geles de pH menor de 5,5.
    • Séquese suavemente y aplíquese un producto hidratante en todo el cuerpo cuando la piel todavía esté húmeda.

    Nuestra piel pide suavidad, moderación y cuidado constante. Su delicado equilibrio pende de un hilo cuando hablamos de hidratación.

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