• Susana Andújar, chemist

    ¿Hasta dónde son seguros los cosméticos?

    Para tratar de garantizar que los geles, cremas y demás cosméticos que usamos a diario sobre la piel no sean perjudiciales para nuestra salud, cada ingrediente supera estrictos controles. Una vez mezclado con otros en la fórmula de cada producto, se realizan test sobre voluntarios para comprobar su nula o baja acción negativa sobre la piel antes de lanzarlos comercialmente. ¿Cómo se hacen este tipo de controles?

     

    Como nuestros lectores saben, la legislación europea sobre cosmética prohíbe experimentar con animales o comprar a otros países materias primas cuya seguridad se base en pruebas efectuadas con ese método. Actualmente, el sistema utilizado intenta garantizar que cada ingrediente individualizado es seguro. No obstante, al combinar varios de ellos en un producto pueden aparecer interacciones, originándose nuevos componentes que pueden modificar la seguridad del producto acabado. La normativa actual no indica qué ensayos son obligatorios, pero define que quien comercializa los productos es responsable de la seguridad de los mismos. Por ello la industria cosmética investiga utilizando ensayos diversos, según la aplicación y modo de uso del cosmético (sin que intervengan animales, claro está).

     

    En primer lugar, con cada activo siempre se llevan a cabo test in vitro en el laboratorio para descartar, en una primera fase, problemas evidentes de toxicidad. Hay muchas pruebas estándar altamente fiables (con células de piel, por ejemplo).

     

    Si un activo parece seguro in vitro, a continuación se realizan test con fórmulas, que contienen varios ingredientes, sobre voluntarios humanos. Se hacen en centros especializados y bajo estrictas normas éticas de funcionamiento. Veamos los tres más comúnmente utilizados.

     

    1. Patch test

    Verifica la compatibilidad cutánea de una fórmula, aplicada una vez durante 48 horas.

     

    Previo examen cutáneo, se aplica el producto en la espalda de los voluntarios bajo un parche. Se retira el parche a las 48 horas y se evalúa su efecto sobre la piel. Se obtiene una información rápida sobre el grado de irritación (o no irritación) cutánea que produce el cosmético.

     

    Los parches favorecen la penetración de los ingredientes a través de la piel, poniendo en evidencia si alguno de ellos puede ser irritante. No representa exactamente el modo de uso real –así que es el test más inexacto–, pero ofrece ya una rápida visión de la inocuidad del cosmético.

     

    2. Open test

    Verifica, bajo control médico, la compatibilidad cutánea de un cosmético, aplicándolo una o varias veces, de forma idéntica a las condiciones normales de uso. Por lo tanto, la duración del estudio y las aplicaciones dependen mucho del tipo de producto.

     

    El médico realiza un examen clínico de la zona experimental; a continuación un técnico de laboratorio aplica el cosmético; finalmente, el médico especialista lleva a cabo otro examen. Cuantas más aplicaciones se realicen sobre cada voluntario y cuantos más voluntarios participen, más información se obtendrá sobre la seguridad del cosmético.

     

    3. Test de uso

    Comprueba el efecto del cosmético sobre la piel después de ser utilizado bajo condiciones normales de uso, aplicado en el domicilio de los voluntarios.

     

    Posteriormente, ya en el laboratorio, el médico realiza el examen clínico de la zona experimental. También en este caso, cuantas más aplicaciones y más voluntarios participen, mejor es la información sobre la seguridad del cosmético.

     

    Es el test que más información aporta, dado que son las condiciones reales de uso durante un tiempo prolongado. Además, mediante un cuestionario los voluntarios pueden también evaluar las cualidades cosméticas y la eficacia del producto.

     

    Los tres métodos descritos hasta aquí son generales para cualquier producto cosmético. Veamos ahora algunos más específicos:

     

    A. Test de no comedogeneicidad

    La comedogeneicidad es la capacidad de ciertas sustancias para favorecer los comedones (granos) propios del acné. Por tanto, este test verifica cuán comedogénico es determinado producto utilizado en condiciones normales de uso. Esta prueba se efectúa con productos para pieles grasas o con acné, maquillajes, cremas de día, etc.

     

    Se realiza con voluntarios aquejados de acné, mediante un recuento inicial de comedones. Tras aplicarse el producto durante 28 días en su domicilio, el recuento se repite. Los resultados indican si existe buena compatibilidad cutánea y si el cosmético favorece o no la aparición de comedones.

     

    B. Test de fototoxicidad

    Verifica la ausencia de efecto fototóxico de un producto después de aplicarlo bajo parche y tras exponer la zona a radiación ultravioleta (UV). Se hace con protectores solares, maquillajes, cremas….

     

    Tras examinar el área a tratar, se aplican parches del producto en la espalda del voluntario, que se retiran a las 24 horas. Después se irradia esa zona y otras no tratadas con rayos UV y se comprueban los efectos a las 24 y a las 48 horas.

     

    C. Test de hipoalergenicidad

    Consiste en verificar la compatibilidad de un producto con la piel y la ausencia de potencial alergénico después de aplicaciones repetidas. Se usa para comprobar que determinado cosmético puede considerarse hipoalergénico.

     

    Este estudio es largo y se realiza en tres fases. Primeramente se aplica el producto (parche en espalda) tres veces por semana durante tres semanas, con el fin de inducir una posible alergia. Después hay un período de reposo de dos semanas. Finalmente, nueva aplicación del producto en el mismo lugar y otro parche en un área virgen. Si el parche de la zona virgen provocase una reacción rápida significaría que el sistema inmunológico del voluntario ha desarrollado una alergia al producto.

     

    Los resultados verifican la compatibilidad del producto con la piel, así como la no alergenicidad del mismo. No garantizan que no exista algún caso esporádico de reacción, pero sí que la probabilidad de que se produzca una alergia es mínima.

     

    En resumen, la verificación de la seguridad de un nuevo cosmético requiere un estudio toxicológico exhaustivo de cada uno de sus componentes por separado, así como un análisis microbiológico del producto final. Los test sobre voluntarios corroboran su compatibilidad dérmica y ocular y, en el caso de los productos solares, su eficacia contra la radiación ultravioleta que indica el etiquetado.

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