• Núria Estapé, science journalist

    La verdad sobre la hidratación de la piel

    19 Jun La verdad sobre la hidratación de la piel

     

    Fuentes:

    Skin Therapy Letter

    Todas las células de nuestro organismo necesitan agua para sobrevivir y multiplicarse; las de la piel no son una excepción. Escaparates de farmacias, perfumerías y centros de estética exhiben cientos  de productos distintos para mantenerla hidratada. ¿Quién no utiliza un hidratante? Pero, ¿cómo funcionan si la piel es prácticamente impermeable? Saber dónde y cómo actúan puede ayudarnos a escoger el producto que mejor se adapte a nuestro tipo de piel.

     

    La piel tiende a secarse a medida que pasan los años. Por eso los hidratantes están en los primeros puestos del ranking de preparados dermoscosméticos más vendidos. Cada vez que aplicamos un producto hidratante a nuestra piel ayudamos a la capa más superficial de la epidermis a protegernos ante las agresiones del entorno. Así facilitamos que todas las células de la piel puedan desarrollar los procesos metabólicos que las mantienen vivas y sanas. Además, reforzamos la homeostasis cutánea, es decir, el mantenimiento del equilibrio interno ante variaciones externas de humedad y temperatura.

     

    Secretos de la hidratación cutánea

    Lo cierto es que la capa exterior de la piel es casi impermeable. De hecho, si nuestra piel está seca y tomamos un baño, al cabo de poco tiempo vuelve a estar seca. La razón es que desde el exterior la piel absorbe poca agua y, además, la pierde rápidamente por evaporación.

     

    Conclusión: la piel prácticamente sólo recibe agua desde el interior del cuerpo. Lo que denominamos hidratación cutánea consiste, en realidad, en evitar que el agua interior de la piel se evapore en exceso en la capa superficial. Esta es la verdad cientifica de la hidratación.

     

    Básicamente, los productos cosméticos que se usan como hidratantes pueden contener ingredientes de tres tipos: emolientes, oclusivos y humectantes, que actúan de forma distinta sobre la piel.

     

    Emolientes: Actúan llenando los espacios entre las células de la epidermis (corneocitos). Cuando la piel se seca, estas células se descaman, formándose huecos a través de los cuales se evapora agua. Las sustancias emolientes, como las ceramidas, el ácido linoleico y otros aceites vegetales, dan un aspecto suave y flexible a la piel al reparar y volver más impermeable la barrera protectora de las capas superficiales de la epidermis.

     

    Oclusivos: Impiden que se evapore el agua de la epidermis formando una capa extra que actúa como barrera impermeable adicional. La vaselina es la sustancia oclusiva más eficaz, pudiendo llegar a disminuir la pérdida de agua transepidérmica en un 98%. Otras sustancias como la lanolina u otros derivados de la silicona también se usan como oclusivos y son más eficaces cuando se aplican sobre la piel ligeramente húmeda. No obstante, algunas sustancias oclusivas pueden causar alergias y dejan un tacto grasiento en la piel.

     

    Humectantes: Son sustancias hidrosolubles (que se disuelven en agua) que ayudan al estrato córneo a captar agua del exterior, además de mejorar la barrera de lípidos (grasas) de la piel. El glicerol, la urea, el ácido láctico y los alfa hidroxiácidos son los humectantes que más se usan como ingredientes en cosméticos hidratantes.

     

    ¿Qué contiene el hidratante ideal?

    Preguntan los consumidores: ¿En qué aspectos deberíamos fijarnos al escoger nuestro producto hidratante ideal? Un buen producto hidratante debería contener los tres tipos de sustancias: emolientes, humectantes y oclusivas. La forma de combinarlas debería adecuarse a las necesidades de cada tipo de piel y a la zona del cuerpo a la que se destina.

     

    La mayoría de cosméticos con efecto hidratante son emulsiones, es decir mezclas estables de ingredientes acuosos con otros de tipo graso. La proporción entre unos y otros permite a los especialistas diseñar cosméticos para cada tipo básico de piel: seca, normal o grasa.

     

    Los destinados a pieles secas contienen mayor proporción de ingredientes grasos, como vaselina, lanolina y aceites minerales de base, y son más efectivos si de aplican por la noche. Para pieles grasas son más adecuadas las lociones o cremas ligeras, sin tantos aceites; son menos viscosas y suelen usarse como hidratantes de día.

     

    Ingredientes extra

    Además de los compuestos que aseguran estos tres modos de acción, la mayoría de productos hidratantes faciales contienen ingredientes adicionales que refuerzan su actividad, como vitaminas, exfoliantes o protectores solares.

     

    También pueden incluir en su fórmula activos para reducir la celulitis, reafirmantes contra la flacidez e incluso bronceadores artificiales. Si queremos un hidratante ‘de cabecera’ para uso continuo también deberíamos fijarnos en que sea hipoalergénico y no sensibilice la piel.

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