• Núria Estapé, science journalist

    El factor de hidratación natural de la piel

    31 Mar El factor de hidratación natural de la piel

     

    Fuentes:

    Practical Dermatology

    Nuestra piel está dotada de una perfecta maquinaria cuya función es conservar agua en su interior para impedir que el organismo se deshidrate. La piel, este órgano vital de nuestro cuerpo, cumple una misión imprescindible que mantiene a salvo en el interior al resto de los órganos. Y lo hace gracias a un complejo entramado de moléculas que conservan el delicado equilibrio de la epidermis a pesar de las variaciones de humedad y temperatura del entorno: se denomina factor de hidratación natural (FHN).

     

    Cuando nacemos nuestra epidermis dispone ya de las herramientas para permanecer siempre hidratada y protegida de los rayos ultravioleta. El paso del tiempo y las agresiones del entorno desgastan el manto cutáneo y algunas de las sustancias beneficiosas que lo forman empiezan a perder su capacidad para retener agua. La piel debe contener de un 10% a un 15% de agua. Si la cantidad de agua se reduce a menos del 10%, aparecen problemas de sequedad cutánea: la piel se vuelve más frágil, áspera y apagada, y está más expuesta a sufrir eczemas o infecciones. ¿Como consigue nuestra piel mantener una cantidad mínima de agua en su interior? Leer Más

  • Ailish Maher, science journalist

    La verdad sobre la arcilla

    6 Mar La verdad sobre la arcilla

     

    Fuentes:

    Applied Clay Science

    La arcilla, que tiene un alto contenido en minerales, está reapareciendo como potente producto curativo y como tratamiento de belleza de la piel. Sus efectos benéficos se basan más en el éxito de sus usos, que se remontan a tiempos antiguos, que en estudios científicos. No obstante, la ciencia reconoce en firme que ciertas arcillas tienen grandes propiedades antibacterianas.

     

    La arcilla se ha usado durante siglos con fines medicinales y estéticos. En Mesopotamia y en Egipto se utilizaba por sus propiedades antiinflamatorias y antisépticas, y parece probado que Cleopatra la usaba para mejorar su cutis. Muchos médicos célebres, como Hipócrates, Avicena, Averroes y Paracelso, así como Sebastian Kneipp –cofundador del movimiento médico naturópata–, han prescrito remedios para la piel a base de arcilla. También se ha usado la arcilla para facilitar la cicatrización de heridas quirúrgicas y de guerra. Leer Más

  • Anna Solana, science journalist

    La piel y los efectos de la contaminación

    Es algo parecido a la capa de polvo y suciedad que va cubriendo el coche entre dos lavados. Con el maquillaje y los cuidados diarios lo vamos disimulando, pero algo se pega a nuestra piel, le resta hidratación, firmeza y luminosidad e incluso provoca manchas. La contaminación atmosférica es tan dañina como el tabaco para el cutis. Pero según donde vivamos resulta imposible evitarla. ¿Qué podemos hacer para proteger nuestra piel?

     

    Según un informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) publicado en 2013, el aire que respiran los ciudadanos del viejo continente no está precisamente limpio. De hecho, la AEMA asegura que más del 90% de los habitantes de las ciudades europeas están expuestos a niveles preocupantes de PM2,5 (partículas en suspensión de menos de 2,5 micras) –que provienen en buena medida de las emisiones de los vehículos diesel– y a concentraciones demasiado elevadas de ozono. Leer Más

  • Ailish Maher, science journalist

    Los mejores –y los peores– tejidos para la piel

    30 Sep Los mejores –y los peores– tejidos para la piel

     

    Fuentes:

    DermNet NZ

    Puede parecer una obviedad, pero los mejores tejidos para mantener nuestra piel sana acostumbran a ser los naturales. Sin embargo, con frecuencia las reacciones de sensibilidad de la piel no son tanto una respuesta frente a los tejidos propiamente dichos, como ante sus aditivos químicos. Hay algunas precauciones que podemos tomar para proteger nuestra piel de los tóxicos de la ropa.

     

    La vestimenta nos diferencia sexualmente, salvaguarda nuestra intimidad, indica nuestro estatus social o profesional y expresa nuestro particular gusto o estilo. Pero, sobre todo, la ropa sirve para protegernos del frío, del calor y de otros riesgos cuando trabajamos o hacemos deporte. Pero, ¿qué pasaría si las prendas que llevamos puestas hicieran lo contrario? ¿Damos suficiente importancia a los riesgos implícitos en la selección de nuestra ropa? Leer Más

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