• Fede Montagud, editor

    ¿Quién no tiene olor corporal?

    Nuestra genética condiciona lo que segrega nuestra piel a través del sudor y, en consecuencia, cómo olemos. No existen dos olores corporales iguales, puesto que todos tenemos, además, un “cóctel” propio de bacterias que procesan el sudor y liberan sustancias volátiles. Pero existen personas que no huelen… y usan desodorante.

     

    Nuestro olor corporal se produce cuando las bacterias de la piel degradan ciertas sustancias presentes en el sudor que producen las glándulas sudoríparas (hormonas esteroideas, ácidos grasos y compuestos sulfúricos). Las características genéticas condicionan la cantidad y la proporción de tales sustancias que cada uno segrega y, por tanto, los diferentes olores corporales. Sin embargo, una reciente investigación realizada en Reino Unido sobre 6.500 mujeres ha puesto de manifiesto que un 2% de ellas prácticamente no huele debido a su versión del gen ABCC11. No obstante, más del 75% de ellas usan igualmente desodorante en las axilas por costumbre. La identificación de esta característica genética podría suponer para estas personas sin olor un ahorro económico y una reducción de su exposición a productos químicos. También abre el camino a la futura aplicación de la genética de cada uno en el terreno de la higiene personal.

  • Elisabet Salmerón, science journalist

    La fascinante piedra de alumbre

    La piedra de alumbre ya era usada por las antiguas civilizaciones; el auge de la cosmética natural la ha vuelto a poner de moda. Es un mineral con múltiples propiedades, entre ellas la de desodorante corporal. ¿Cómo beneficia a nuestra piel? ¿Es peligroso el aluminio que contiene?

     

    La piedra de alumbre es un mineral presente en la naturaleza en forma de cristal translúcido y de sabor dulzón. Suele estar compuesta por un sulfato de aluminio y un sulfato de otro metal. La variedad más explotada comercialmente es la compuesta por sulfato hidratado de potasio y aluminio (aluminio potásico). Se obtiene de una roca magmática de origen volcánico denominada traquita alunífera, aunque también se fabrica industrialmente. Leer Más

  • Núria Estapé, science journalist

    Perfumes: ¿Por qué huelen distinto en cada persona?

    17 ene Perfumes: ¿Por qué huelen distinto en cada persona?

     

    Fuentes:

    British Journal of Dermatology

    ¿Alguna vez se han preguntado por qué las personas huelen distinto a pesar de llevar el mismo perfume? Cada piel contiene de forma natural un cóctel químico particular que, como si de una huella dactilar de tratara, deja un rastro de aroma irrepetible. Los perfumes, al mezclarse con el olor corporal de cada persona, adquieren vida propia y crean una seña de identidad única.

     

    En las perfumerías, las fragancias huelen siempre como las diseñó su creador. Sin embargo, adquieren vidas distintas sobre la piel de cada persona. Ahora sabemos que cada uno de nosotros desprende un olor diferente, porque cada piel se compone de distintas sustancias químicas que, al evaporarse, se transmiten por el aire y pueden ser percibidas por el olfato. Estas sustancias, llamadas compuestos orgánicos volátiles, forman parte de todos los organismos vivos; nosotros, los humanos, las segregamos a través de dos tipos de glándulas de nuestra piel que producen sudor: las glándulas sudoríparas ecrinas y las apocrinas. Al ponernos un perfume, la mezcla de nuestro olor natural con el de la fragancia produce un cóctel único e irrepetible. Pero, ¿cómo se mezclan? ¿Qué es lo que hace que un perfume nunca huela como planeó su creador cuando lo llevamos puesto? Leer Más

  • Fede Montagud, editor

    El olor “metálico” lo produce nuestra piel

    28 oct El olor “metálico” lo produce nuestra piel

     

    Fuentes:

    Nature

    Si vamos de compras y tocamos monedas, al cabo de un rato nuestras manos huelen “a metal”. Lógicamente, pensamos que los metales tienen un olor propio. Falso. El olor metálico en las manos lo crean ciertos compuestos químicos de nuestra piel, que reaccionan con el acero o con el cobre de las monedas.

     

    En realidad, cuando un comerciante nos devuelve el cambio, esas monedas llevan su olor corporal; por si solas no tendrían olor ninguno. Cuando nosotros las tocamos surge una nueva reacción inmediata de los metales con nuestra piel y, por tanto, un nuevo olor. Básicamente, los compuestos aromáticos son aldehídos y cetonas, que aparecen instantáneamente al reaccionar los aceites de nuestra piel con el cobre o el acero. Pero hay otros factores que crean diferencias en estas reacciones, como la flora o el pH de cada uno de nosotros. Así pues, del mismo modo que toda persona tiene un olor corporal único, cada individuo crea un olor metálico sutilmente distinto al de los demás cuando le dan el cambio del café.

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