• Laura Chaparro, science journalist

    La flora de la piel, nuestro escudo protector

    4 Feb

    La flora de la piel está constituida por millones de bacterias que conviven en armonía con nosotros. Gracias a ellas tenemos un escudo que nos protege. La flora garantiza que nuestra piel se mantenga sana y con buen aspecto y nos evita infecciones.

     

    Cuando escuchamos la palabra ‘bacteria’ pensamos en microorganismos perjudiciales que son los responsables de diferentes tipos de infecciones que hemos sufrido alguna vez. Y aunque es cierto que estas alteraciones cutáneas se producen, son la excepción. Las bacterias y hongos que se alojan en nuestra piel desarrollan funciones muy positivas y constituyen nuestra flora microbiana normal. Además de autorregularse para contribuir al equilibro del organismo, la flora interviene en la defensa contra las infecciones, contribuye en la degradación de los lípidos de la superficie cutánea favoreciendo la función barrera de la piel y es responsable del olor natural de nuestro cuerpo, al degradar los componentes del sudor. Gracias a la flora nuestra piel se mantiene sana, equilibrada y con buen aspecto. Y aunque el organismo lo haga de forma natural, podemos ayudar a mantener este equilibrio hidratando la piel y prestando especial atención al pH de nuestros productos de higiene diaria. Está comprobado que niveles ligeramente ácidos de pH influyen en el correcto mantenimiento de la flora cutánea.

     

    ¿Dónde se localiza?

    Como prueba de esta buena convivencia, un dato: de forma constante solemos albergar 10 elevado a 14 bacterias –un uno seguido de 14 ceros-, que constituyen nuestra flora microbiana normal. La flora de la piel se localiza en la superficie: el estrato córneo, las glándulas sebáceas y los folículos pilosos. Sólo cuando nuestras defensas están bajas o cuando la piel está herida la buena relación se rompe y puede producirse alguna alteración.

     

    ¿Son peligrosos los estafilococos?

    Dentro de esta ingente comunidad bacteriana que albergamos existe una familia de microorganismos, los estafilococos, que preocupan por las infecciones que puede provocar uno de ellos: Staphylococcus aureus. Normalmente, si nuestra piel está sana, hidratada y con un grado de acidez equilibrado no ocasiona ningún daño. Pero cuando la piel sufre alguna herida o registra carencias nutritivas puede provocar trastornos, como forúnculos o celulitis infecciosa (nada que ver con la celulitis común o adiposa). Por el contrario, un reciente estudio de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos) publicado en Nature Medicine revela que determinados estafilococos de nuestra flora inhiben las inflamaciones de la piel.

     

    Nacemos sin flora

    La flora de la piel, por tanto, es un elemento más de nuestro cuerpo pero, ¿desde cuándo? Desde el momento del nacimiento. Antes, en el útero materno, el feto está libre de microorganismos. Cuando la madre rompe aguas, el útero deja de ser estéril y en el plazo de 48 horas desde el parto, el bebé ya cuenta con una comunidad estable de flora en la cavidad oral, el tracto intestinal y la piel. Este período de tiempo, por tanto, es vital para el correcto desarrollo del bebé. Por eso los centros hospitalarios prestan especial atención a la madre y al ambiente para que no se transmitan infecciones bacterianas al recién nacido.

     

    Fuente:

    Medigraphic

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