• Violeta Camarasa, science journalist

    Higiene personal: una historia sorprendente

    10 Jan La surprenante histoire de l’hygiène personnelle

     

    Fuentes:

    The Economist

    Monografías.com

    El concepto de higiene personal se ha asociado siempre a ámbitos tan dispares como la salud, la moral o la belleza. Quizá por eso la historia del aseo está llena de sorprendentes avances y retrocesos. Su evolución puede ayudarnos a comprender mejor a la humanidad y a reflexionar sobre las prácticas actuales de cuidado personal.

     

    1. La higiene, cosa de dioses. Los antiguos egipcios ya daban gran valor al baño y también a los olores naturales del cuerpo, que acentuaban con perfumes especiales para los genitales. La primera bañera de la que se tiene constancia corresponde a la Grecia Antigua y data de alrededor del 1700 a.C., mientras que el invento del baño de vapor se atribuye a los refinados sibaritas del siglo VIII a.C. No en vano la palabra “higiene” procede de la diosa griega Higea, responsable de la curación, la limpieza y la sanidad, cuya popularidad se relaciona con las plagas que devastaron Atenas en el siglo V a.C. y Roma en el siglo III a.C.

     

    2. Agua para todos. Los romanos, gracias a su extensa red de acueductos, llevaron la asociación del baño con la salud y el bienestar a su máximo exponente. En el Imperio Romano del siglo I, ser limpio quería decir sumergirse regularmente durante dos horas en las termas públicas con aguas a diferentes temperaturas, frotarse bien el cuerpo con pequeños rastrillos y terminar aplicándose aceites corporales.

     

    3. Cuerpo sucio, alma limpia. Tras la caída del Imperio Romano y con el avance del cristianismo, el baño se asoció al pecado y a las costumbres paganas. El cuidado del cuerpo conducía al descuido del alma, e incluso el castigo del cuerpo era visto como una aproximación a Dios. En su libro The Dirt on Clean (La parte sucia de la limpieza), la periodista canadiense Katherine Ashenburg explica que San Benito, al definir las reglas de la vida monástica en el siglo VI, estableció que sólo se bañaran los monjes más viejos. En los conventos medievales de Europa la norma indicaba que los monjes sólo debían bañarse un par de veces al año, en las vísperas de las fiestas más importantes.

     

     Higiene personal: una historia sorprendente

     

    4. Adiós al baño. Esta concepción puritana del cuerpo hizo que la costumbre del baño regular se perdiera completamente en la Europa medieval. Harían falta varios siglos –y algunas epidemias– para recuperarla. El baño se convirtió en una moda practicada sólo por determinados grupos sociales, como los caballeros que regresaban de las cruzadas en territorios árabes, donde los baños calientes eran una costumbre bien establecida. Ni tan sólo el progreso económico de Europa a partir del siglo XVII mejoró la situación. Más bien al contrario, ya que la progresiva urbanización creó ciudades inmundas y catástrofes sanitarias.

     

    6. ¡Horror, agua! Durante los siglos XV, XVI y XVII, los médicos creían que el agua era peligrosa. Ambroise Paré, escribía en el París de 1568:

    "Conviene prohibir los baños, porque, al salir de ellos la carne y el cuerpo son más blandos y los poros están abiertos, por lo que el vapor apestado puede entrar rápidamente hacia en interior del cuerpo y provocar una muerte súbita",

    Las capas de suciedad se veían incluso como protección frente a los malos aires del exterior, cuando era precisamente la falta de higiene lo que facilitaba el contagio en caso de epidemia.

     

    7. Aseo “en seco”. En su libro Lo limpio y lo sucio, el historiador francés Georges Vigarello explica esta idea del cuerpo como un ente permeable que había que proteger de los malos aires con la vestimenta adecuada, cuanto más hermética mejor. Además, se creía que la ropa, en especial la blanca, absorbía la suciedad del cuerpo, con lo que “limpiarse” a menudo consistía en cambiarse de camisa (los que tenían dinero suficiente, claro). Todo, menos sumergirse en agua. En el París de 1516, en plena epidemia, se advertía:

    "¡Por favor, huyan de los baños de vapor o de agua o morirán!".

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    8. Las apariencias engañan. Vigarello escribe que en el siglo XVII la limpieza del cuerpo consistía en “sentirse limpio” y oler bien, lo que diferenciaba a los ricos de los pobres. Pelucas, perfumes y polvos actuaban como “limpiadores” y mantenían a las élites “protegidas” frente a las enfermedades al ocultar la suciedad y corregir los malos olores a su alrededor.

     

    9. ¡Salvados por el agua! En el siglo XIX se extendieron por Europa los nuevos sistemas de abastecimiento de agua. Después de que John Snow descubriera la causa del cólera en Londres a mediados de ese siglo, y especialmente después de las investigaciones de Louis Pasteur –que apuntaban a los gérmenes como responsables de las enfermedades–, el alcantarillado y el suministro de agua limpia se convirtieron en prioridades en las ciudades. Contrariamente a lo que se había creído durante siglos, el baño empezó a promocionarse como defensa contra las enfermedades.

     

     Higiene personal: una historia sorprendente

     

    10. La industria del aseo. Se empieza a desarrollar entonces una industria de la higiene. Vuelve el jabón, un producto que ya se utilizaba en la antigüedad, esta vez industrializado, lo que facilitó su popularización. Tal y como explica Ashenburg en su libro,

    "el jabón y la publicidad crecieron juntos",

    primero en diarios y después en la radio. La expresión inglesa "soap opera", se refiere a las radionovelas americanas patrocinadas por fabricantes de jabón. Así comenzó una nueva era inundada de todo tipo de productos para el cuidado personal.

     

    11. De un extremo al otro. La búsqueda de la asepsia, la limpieza absoluta, es quizá la idea que mejor resume las costumbres actuales de higiene personal. Si bien es cierto que la higiene es saludable, los expertos advierten que estar demasiado limpios también puede provocar alergias y enfermedades. Hasta cierto punto el cuerpo necesita curtirse en el combate de la suciedad para desarrollar resistencias inmunológicas. Y, por otro lado, parece que vivimos en una sociedad donde cualquier perfume artificial es más deseable que el perfume natural. ¿Nos estamos pasando de limpios?

     

    (Ilustraciones: 1. Vasija griega (detalle duchas), 600 a.C., artista desconocido, subida por Milartino. 2. Baño turco o hammam en el Cairo por Sari, 2011. 3. Jean-Baptiste Colbert por Villacerf, 1683, dominio público. 4. Jabón Ivory, 1898, cartel restaurado por Adam Cuerden, dominio público. Todas Wikimedia Commons.).

     

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