• Anna Solana, science journalist

    Uno de cada dos europeos sufre de ‘piel sensible’

    11 Jan

    La piel sensible describe la tirantez, el enrojecimiento y la descamación epidérmica que experimentan millones de personas. Es un síndrome que puede tener múltiples causas, desde hereditarias o psicosomáticas hasta reactivas a factores externos (frío, sequedad, determinados productos). Su tratamiento es posible, pero requiere paciencia.   

     

    El concepto ‘piel sensible’ no aparece en los manuales clásicos de dermatología. Pero cada vez existen más productos destinados a cuidarla y aliviar las reacciones que presenta ante diferentes estímulos. Pero, ¿cómo se distingue de una piel momentáneamente reactiva o de una piel alérgica?

    Por ahora no existen suficientes estudios epidemiológicos para confirmar si el problema, que afecta al 50% de la población europea, se ha agudizado en los últimos tiempos. En España, en el 2009, más de 11 millones de personas declaraban tener la piel “sensible o muy sensible”. Algunos especialistas, como Laurent Misery, del laboratorio de neurobiología cutánea del Centro Hospitalario Universitario de Brest (Francia), creen que el fenómeno es una realidad biológica y que la utilización del término 'piel sensible' es adecuada. Otros, por el contrario, defienden que sirve como cajón de sastre para explicar reacciones de pieles alérgicas o con tendencia a la dermatitis seborreica o atópica, la rosácea o la cuperosis. Ai-Lean Chew y Howard Maibach, investigadores del departamento de Dermatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de California (Estados Unidos) citados en varios informes, subrayan simplemente que es “un síndrome complejo que desconcierta por igual a médicos y pacientes”.

     

    ¿A qué factores responde?
    La hiperreactividad de la piel es subjetiva. En otras palabras, la respuesta a factores externos como el clima seco y frío, la excesiva exposición al sol o a la aplicación de determinados productos (peelings, dermoabrasión láser, retinoides orales y tópicos, productos ricos en vitamina C e hidroxiácidos) varía mucho de un individuo a otro. También son diversos los factores endógenos que pueden afectar la sensibilidad de la piel. Incluyen desde características hereditarias y enfermedades sistémicas hasta afecciones psicosomáticas.

    Aun así, se puede decir que la piel sensible tiene características visibles, como el hecho de ser muy fina, delicada y blanca, y sufrir rojeces permanentes a causa de la alteración de la barrera cutánea. Unos síntomas que vienen acompañados de una gran variedad de manifestaciones sensoriales. Para la doctora Leslie Baumann, dermatóloga y directora del Instituto de Investigación en Medicina Cosmética de la Universidad de Miami (Florida, Estados Unidos), la palabra clave de la afección es inflamación. Sea cual sea el motivo de la irritación, la característica principal de una piel sensible es que se inflama.

    La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) precisa que “las personas con piel seca tienden a tener la piel más sensible y esto se hace más patente en climas secos y durante la época de invierno”. También indica que la piel de los niños y los ancianos suele ser más sensible: “En el primer caso, por la falta de madurez de las estructuras de la piel, y en el segundo, por la atrofia secundaria al envejecimiento”. La academia añade que conviene “identificar determinadas enfermedades que condicionan una piel más sensible, como son la rosácea, la dermatitis seborreica y otros eccemas”. Ésta es, sin embargo, una asociación que Misery y otros autores discuten. En cualquier caso, todos coinciden en que la evaluación del dermatólogo es fundamental para distinguir la piel sensible de la alergia —que consiste en una reacción exagerada (rojeces, erupciones, picores) ante una determinada sustancia— y poder así iniciar el tratamiento más adecuado.

     

    ¿Cómo se trata?
    La AEDV señala que el tratamiento pasa a menudo por evitar determinados productos irritantes, que algunos especialistas asocian directamente a los cosméticos con conservantes. De hecho, los autores del estudio Factors defining sensitive skin and its treatment, muestran que el uso de productos con una concentración mínima de conservantes y sin surfactantes mejora la barrera cutánea y provoca un cambio en las características de la piel sensible.

    Además, tal como recomienda J. Escalas-Taberner, del Hospital Universitario de Son Espases de Palma de Mallorca (España), conviene elegir productos libres de aromas, evitar jabones y exfoliantes, no usar algodón para secar la piel, evitar productos que contengan retinaldehído o tretinoína, limitar el consumo de alcohol, proteger la piel de los cambios bruscos de temperatura, elegir cremas hidratantes con una textura suave y recordar que “puede ser un proceso recurrente”, que exige una gran dosis de paciencia. Y no sólo para leer etiquetas. De hecho, Misery, que ha estudiado el impacto psicológico de la piel sensible y su relación con los cambios de estación, reconoce que puede afectar la calidad de vida.

    Mientras, la industria intenta responder a las necesidades de los consumidores. “El término hipoalergénico indica que los fabricantes han hecho lo que estaba en su mano para eliminar los componentes irritantes y alergénicos de su producto”, afirma la doctora Susan Mayou, de la clínica Cadogan (Reino Unido), en el Daily Mail,  “es poco probable que los productos hipoalergénicos irriten la piel, pero no es imposible”, concluye.

     

    Fuentes:

    La piel sensible: un síndrome complejo

    Sensitive Skin: American Academy of Dermatology

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