• Laura Chaparro, science journalist

    ¿Es seguro el aluminio en los desodorantes?

    23 Dec

    Desodorantes y antitranspirantes se han convertido en elementos indispensables para la higiene diaria tanto de hombres como de mujeres. Diferentes componentes como el clorhidrato de aluminio o la piedra de alumbre (aluminio potásico) combaten el mal olor que genera el sudor. ¿De qué forma?

      

    Básicamente, el clorhidrato de aluminio reduce la actividad de sudoración al obstruir los poros cutáneos con sales astringentes, que también dificultan la proliferación de las bacterias responsables del mal olor. Por su parte, la piedra de alumbre ejerce una potente acción bactericida sin tapar los poros y permitiendo la normal transpiración de la piel.  
    La creciente preocupación por la higiene personal va de la mano con el interés por saber de qué forma actúa el aluminio en el cuerpo humano. Esta sustancia está presente en la corteza terrestre y en multitud de elementos de nuestra vida diaria, como latas de refresco, ollas, sartenes, diferentes alimentos, papel de aluminio y también en aspirinas, antiácidos, sustancias utilizadas para el tratamiento de aguas, aditivos y cosméticos.

     

    ¿Cuánto aluminio absorbemos?
    Un informe de la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de Estados Unidos (ATSDR) señala que “todo el mundo está expuesto a niveles bajos de aluminio a través de los alimentos, el aire, el agua y el suelo”. Nuestro propio organismo se encarga de depurar este componente de forma natural a través de la orina o las heces. En Europa, la ingesta máxima de aluminio que recomienda la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) es de 1 miligramo por kilogramo de peso a la semana.
    En niveles bajos, por tanto, la ATSDR asegura que el metal no resulta perjudicial para la salud. La situación cambia cuando la exposición es mayor, y algunos trabajadores que trabajan con este componente lo inhalan en cantidades excesivas, tal y como ocurre con otras sustancias peligrosas.

     

    Una relación aún sin demostrar
    Lo que sigue sin aclararse es la vinculación del aluminio con la enfermedad de Alzheimer. En la década de los sesenta se comenzó a asociar esta sustancia con la enfermedad degenerativa, puesto que se comprobó que el metal se acumula en los focos neuronales de la demencia.
    Un reciente estudio, realizado desde la Universidad de British Columbia (Canadá), ha analizado la posible relación entre la enfermedad y el metal y, a pesar de no haber encontrado un vínculo directo, concluye que la neurotoxicidad se produce con pequeñas dosis. Según el trabajo, estas cantidades, si son graduales a lo largo del tiempo, se acumulan de forma selectiva en tejidos cerebrales.
    En España, la Revista Española de Salud Pública publicaba una investigación donde se repasaban los trabajos publicados hasta la fecha en torno a esa cuestión. La conclusión era que, “a pesar de que en un número importante de estudios se ha encontrado asociación entre la exposición y daño mental, las pruebas existentes no permiten establecer taxativamente la relación causal con la enfermedad de Alzheimer”. No obstante, los autores también recomendaban reducir la exposición al metal y vigilar su presencia en alimentos, medicamentos y ambiente atmosférico. De la misma opinión era un equipo de investigadores de la Universidad de Kentucky quienes en su trabajo afirmaban no haber encontrado estudios que resolvieran la controversia.

     

    Dosis de seguridad
    Donde no existen dudas es en que las dosis que incorporan tanto desodorantes como antitranspirantes son lo suficientemente bajas como para no dañar nuestro organismo. Investigadores de las universidades Purdue y Penn State Altoona (Estados Unidos) han demostrado que con un solo uso en ambas axilas, la piel absorbe unos 4 microgramos de aluminio —unidad que equivale a la millonésima parte de un gramo—, lo que representa tan solo el 2,5% del total del metal absorbido por nuestro intestino en los alimentos. “El uso una sola vez del clorhidrato de aluminio en la piel no es una contribución significativa a la carga corporal de aluminio”, aseguran.

     

    Fuente:

    Scientific American

Autores

+más
­