• Elisabet Salmerón, science journalist

    La fascinante piedra de alumbre

    La piedra de alumbre ya era usada por las antiguas civilizaciones; el auge de la cosmética natural la ha vuelto a poner de moda. Es un mineral con múltiples propiedades, entre ellas la de desodorante corporal. ¿Cómo beneficia a nuestra piel? ¿Es peligroso el aluminio que contiene?

     

    La piedra de alumbre es un mineral presente en la naturaleza en forma de cristal translúcido y de sabor dulzón. Suele estar compuesta por un sulfato de aluminio y un sulfato de otro metal. La variedad más explotada comercialmente es la compuesta por sulfato hidratado de potasio y aluminio (aluminio potásico). Se obtiene de una roca magmática de origen volcánico denominada traquita alunífera, aunque también se fabrica industrialmente.

    No se sabe con exactitud desde cuándo la humanidad viene aprovechando las propiedades de este producto, pero Plinio ya habla bien de ella en su Historia Natural. De hecho, la palabra “alumbre” deriva del latín “ad lumine”, es decir “dar luminosidad”, en referencia a uno de los usos clásicos de este mineral, que era fijar los tintes de los tejidos.

    A lo largo del tiempo, la piedra de alumbre ha tenido múltiples aplicaciones, debido a sus propiedades antibacterianas, cicatrizantes, reafirmantes, antisépticas y, también, desodorantes. Aunque su incorporación a la industria de la cosmética y la higiene personal es relativamente reciente, en parte impulsada por la progresiva demanda de productos de origen ‘natural’, lo cierto es que la piedra de alumbre se usaba ya en la Antigüedad para controlar el olor corporal.

     

    ¿Cómo actúa?

    El sudor es un mecanismo que nos ayuda a regular la temperatura corporal, eliminando por los poros agua y toxinas. El sudor no huele por sí solo. Las responsables del olor corporal son las bacterias de la piel que, al entrar en contacto con el sudor, del cual se alimentan, generan sustancias volátiles que huelen.

    Los desodorantes y los antitranspirantes evitan el olor corporal desagradable. Por lo general, en sus fórmulas se combinan unos pocos ingredientes con distintas funciones, escogidos entre las decenas de ellos que permite la normativa. Ciertos elementos son bactericidas (el alcohol, por ejemplo), otros son simples perfumes, otros taponan los poros evitando la sudoración natural.

    ¿Cómo actúa exactamente la piedra de alumbre? Al humedecerla y aplicarla directamente sobre la piel, se crea una barrera invisible de microcristales de sal mineral que combate e inhibe el crecimiento excesivo de las bacterias que descomponen el sudor, y ello sin taponar los poros y permitiendo la transpiración natural. Es decir que su eficacia se debe a su potente actividad bactericida.

    La piedra de alumbre no contiene alcohol ni otras sustancias, es inodora, no mancha ni es pegajosa y su efecto tiene una duración similar a la de otros desodorantes, es decir que normalmente basta aplicarla una vez al día.

    De la misma manera que algunas personas son alérgicas a los gatos o al polen, es posible que un mínimo porcentaje de usuarios experimenten una reacción alérgica a la piedra de alumbre. Los síntomas suelen aparecer en las axilas en forma de rojeces y son poco duraderos.

    Cuando usemos por primera vez piedra de alumbre –o cualquier otro cosmético– es recomendable controlar si al cabo de unas horas se ha producido algún tipo de reacción en las zonas de aplicación. Si es así, es mejor suspender el uso y consultar con el dermatólogo.

     

    El aluminio, cuestionado

    Existe un debate abierto sobre los posibles efectos nocivos del aluminio en nuestro organismo, aunque los resultados científicos no son hasta ahora concluyentes. Por otro lado, hay quien asegura erróneamente que, debido a su estructura molecular, el aluminio de la piedra de alumbre no sería absorbido por nuestra piel. En realidad, para usarla como desodorante es necesario mojarla en agua, por lo que los iones de aluminio que contiene quedan libres y pueden ser absorbidos por los poros de la piel.

    En cualquier caso, según un estudio de las universidades Purdue y Estatal de Pensilvania (Estados Unidos), la cantidad de aluminio que llega al organismo al aplicarse en las axilas desodorantes que lo contienen equivale sólo al 2,5% del total que absorbemos diariamente a través del agua y de los alimentos.

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