• Laura Chaparro, science journalist

    El ‘toque ácido’ del mayor órgano humano

    24 Nov

    Estudios científicos demuestran que la piel humana es más ácida de lo que tradicionalmente se creía. Actualmente, para mantener la piel sana e hidratada se recomiendan jabones y cosméticos menos alcalinos.

     

    La piel es el mayor órgano del cuerpo humano. Sin embargo, y a pesar de sus dos metros cuadrados de extensión, cuando pensamos en órganos siempre recordamos el corazón o el cerebro y nos olvidamos de esa fina capa que nos envuelve por completo. La piel es la primera barrera con la que el organismo se protege de los agentes externos, impidiendo que virus, bacterias nocivas y ácaros penetren en nuestro cuerpo. También ejerce una función clave en el control de la temperatura del cuerpo y en la eliminación de toxinas. Una de las capas de la piel está compuesta en parte por lípidos que son ligeramente ácidos, lo que dificulta que gérmenes, microorganismos u otros parásitos puedan atravesarla.

     
    La importancia del pH
    El pH mide el grado de acidez de una sustancia. El pH neutro, el del agua pura, es 7 (la del grifo en Europa es 8). Las sustancias con pH menor de 7 son ácidas y las mayores de 7 son alcalinas. Hasta hace unos años se creía que el pH medio de la piel era de 5,5. En concreto, los científicos pensaban que oscilaba entre 5 y 6, en función de las zonas del cuerpo o si se medía en hombres (más bajo) o en mujeres (más alto). 
    Sin embargo, un estudio publicado en International Journal of Cosmetic Science (H. Lambers et al., 2006, vol. 28) demuestra que, en promedio, el pH de la piel se sitúa en 4,7, es decir, en niveles más ácidos de los esperados.

    Para llegar a esta conclusión, los investigadores midieron el pH de 330 personas procedentes de España, Filipinas, Países Bajos y Alemania. Como el agua corriente (pH 8) y los jabones aumentan el nivel del pH, ninguna de estas personas pudo ducharse ni emplear cosméticos durante el tiempo que duró la prueba.

     
    ¿Es mejor una piel ligeramente ácida?
    El valor levemente ácido del pH de la piel proviene de su capa de lípidos ‘defensores’, denominada manto ácido. Niveles ácidos de pH influyen en el correcto desarrollo de flora de la piel, compuesta por microorganismos con los que convivimos en armonía. En la piel de cada cuerpo humano viven muchos billones de bacterias de mil especies distintas, así como numerosos hongos y levaduras. Esta microflora, que sirve también para estimular al sistema inmunitario, es la responsable de los olores corporales.
    De hecho, según el estudio dirigido por H. Lambers, entre la piel y su flora existe una relación simbiótica. Por un lado, la piel proporciona lípidos, minerales y proteínas a estos microorganismos. Ellos, por su parte, fortalecen la primera línea defensiva del cuerpo humano (el manto ácido), evitando la invasión de bacterias nocivas. Finalmente, este trabajo demuestra que valores más altos del pH, es decir, menos ácidos, están asociados con enfermedades como la dermatitis atópica, la dermatitis irritativa de contacto, el acné o la ictiosis.

     

    Mantener una piel sana
    ¿Qué podemos hacer nosotros para ayudar a la flora de la piel a luchar contra los agentes externos? La primera conclusión es obvia: para mantenerla sana no debemos destruir la capacidad protectora de la flora de nuestra piel y para conseguirlo hemos de procurar no alterar su acidez natural. Dado que el agua del grifo tiene un pH de 8, o sea alcalino, después de un simple lavado sin ningún tipo de detergente la piel puede tardar hasta seis horas en recobrar su nivel normal de acidez, es decir por debajo de pH 5.
    Las pieles con pH entre 4 y 5 están en mejores condiciones que las que están por encima de 5. En consecuencia, los expertos recomiendan la utilización de geles, jabones y cosméticos con un pH lo más cercano posible a 5 y que en ningún caso excedan de 6,5. A partir de esa cifra el producto puede alterar el manto lipídico de la piel. Esta circunstancia ha influido en que las firmas proveedoras del sector hayan ido incorporando formulaciones con un pH cada vez más bajo.

     
    La importancia de la hidratación
    También podemos cuidar nuestra piel con un gesto muy sencillo: hidratarnos con un producto adecuado. Los distintos componentes de los productos hidratantes son fundamentales para el correcto mantenimiento de la epidermis, sobre todo del estrato córneo, la capa exterior donde se localizan los lípidos que mantienen nuestra flora protectora. Los denominados productos hidratantes suelen contener combinaciones de humectantes (absorben y retienen agua), lípidos oclusivos (crean una capa grasa que impide la pérdida de agua), emolientes y lípidos epidérmicos (aportan grasa a las capas interiores). Por tanto, ayudan a mantener la suficiente cantidad de agua para que las células de la piel puedan reproducirse constantemente, y también el nivel de grasa necesario para que prolifere la flora que constituye nuestra barrera infranqueable.

     
    Fuentes:
    International Journal of Cosmetic Science, 2006, 28, 359–370

     

     

     

     

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