• Andrés Martínez, science journalist

    Desintoxicar la piel: un mito

    26 May

    Desintoxicarse está de moda y los productos “detox” se cuentan por decenas en los estantes de los comercios. Incontables dietas proponen la eliminación de toxinas de nuestro cuerpo por todas las vías posibles. Es posible que muchas sean saludables. Pero ni la piel acumula demasiadas toxinas ni a través de ella sería fácil eliminarlas.

     

    Hoy en día vivimos una obsesión por desintoxicar el cuerpo y sus órganos. Por una parte, se nos ofrecen dietas, ejercicios y tratamientos diversos para depurar nuestro organismo desde dentro. Por otro lado, nos aseguran que algunos productos, aplicados en nuestra piel, no solo la dejarán libre de toxinas, sino que también limpiarán nuestro interior.

     

    La depuración natural del organismo

    El cuerpo humano se desintoxica de forma natural a través del hígado, los riñones y el intestino. La compleja maquinaria hepática neutraliza multitud de sustancias tóxicas y las transforma en compuestos solubles, que son eliminados a través de la orina gracias a la acción filtradora de los riñones. El intestino, por su parte, se encarga de eliminar los desechos sólidos del organismo.

    Como órgano externo del cuerpo, la piel ha tenido que enfrentarse a numerosas contingencias y amenazas externas a lo largo de millones de años de evolución y de adaptación al medio de nuestra especie. Hoy la piel cumple una excelente función de barrera y son pocas las sustancias químicas que pueden atravesarla con facilidad.

    Muchas terapias de “detoxificación” argumentan que la piel es un gran órgano depurador del cuerpo porque segrega sebo y sudor. Pero este último consiste en poco más que agua, sales minerales (cloruro de sodio y, en mucha menor cuantía, calcio, potasio, fósforo y cobre), así como cantidades mínimas de otros elementos. La sauna forma parte de algunas de estas terapias, pero no está demostrado que, aparte del indudable efecto tónico y estimulador de la circulación, consiga eliminar una cantidad significativa de toxinas a través de la piel, a excepción de la urea.

    Los datos científicos que se esgrimen para respaldar las técnicas de desintoxicación corresponden en muchas ocasiones a casos especiales (exposición laboral o accidental a grandes dosis de sustancias nocivas, drogadicción, etc.) y aislados (de una o muy pocas personas). No parecen ofrecer una evidencia estadística clara.

     

    ¿Desintoxicar la piel?

    Hay productos “detox” que afirman en su publicidad eliminar la suciedad y las impurezas acumuladas en la piel durante la vida diaria. ¡Vaya descubrimiento! Esto es lo que consiguen hacer con total eficacia los jabones. Recurramos, pues, a ellos, siempre con fórmulas que garanticen la hidratación y respeten el pH ligeramente ácido de la piel.

    Los productos que dicen desintoxicar la piel difícilmente consiguen hacerlo de forma eficaz. Por ejemplo, los que contienen antioxidantes para combatir los radicales libres. Es cierto que estos radicales, sustancias oxidantes, son perjudiciales, aunque en ciertas circunstancias son imprescindibles para combatir los virus y las bacterias. Pero se generan en el interior del cuerpo como derivados de nuestro metabolismo y difícilmente podremos combatirlos a través de la piel, que impide el paso de la mayoría de sustancias. Por otra parte, y dicho sea de paso, el consumo de antioxidantes en grandes dosis puede llegar a ser contraproducente.

    Otros tratamientos supuestamente desintoxicantes de la piel contienen exfoliantes, que eliminan las células muertas de la piel. Pero estas células, lejos de ser una impureza indeseable, desempeñan una función defensiva frente a los virus, que necesitan invadir células vivas para multiplicarse. Por tanto, nuestra capa de células muertas (estrato córneo) supone para ellos una barrera difícil de franquear. Además, las bacterias saludables de la piel no deben ser eliminadas, puesto que impiden que las bacterias nocivas y los hongos proliferen. En definitiva, eliminar la capa de células muertas no depura ni desintoxica la piel, ya que es un componente natural de la misma.

    Por otra parte, la piel posee un excelente mecanismo de depuración: se renueva constantemente a través de la descamación natural, de modo que en el plazo de pocas semanas contamos con una piel nueva. Un mecanismo tan sencillo como eficaz.

     

    ¿Qué podemos sacar en claro de todo esto?

    El organismo dispone de eficaces mecanismos de depuración que han permitido a los seres humanos salir airosos hasta hoy. Se argumenta que la civilización moderna está más expuesta que nunca a sustancias tóxicas de todo tipo, pero lo cierto es que nuestra esperanza de vida sigue aumentando.

    La receta depuradora más eficaz –para la piel y para todo el cuerpo– consiste en seguir una dieta equilibrada, mantener una correcta hidratación del organismo que asegure el funcionamiento de los riñones, practicar ejercicio, evitar los hábitos poco saludables –como fumar y beber alcohol en exceso– para no sobrecargar el hígado y dormir lo necesario.

    La mayoría de tratamientos de desintoxicación del organismo mediante dietas y técnicas diversas tienen sentido en casos de envenenamiento o de toxicomanía y, en principio, tampoco deberían ser nocivos en personas sanas. Pero ha de quedar claro que la piel tiene pocos tóxicos y que la idea de desintoxicar la piel mediante productos aplicados sobre ella pertenece más al ámbito de la mitología que al de la ciencia médica.

     

    Fuentes:

    The Guardian

    The Detox Dossier

    US News Health

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