• Anna Solana, science journalist

    Niños: cuando la piel pica

    Tienen la piel inmadura, más susceptible a las agresiones del medio ambiente y, por lo tanto, más sujeta a rojeces, irritaciones e infecciones. Corren, saltan, juegan y, a veces, se hacen rasguños. Tienen erupciones, se rascan y no quieren ponerse crema. Pero parece que todo se pasa y se cura. Sin embargo, la piel de los niños también requiere algunos cuidados básicos.

     

    Una vez superadas la dermatitis del pañal y las rojeces inexplicables de la etapa bebé, que acaban cediendo con paciencia y crema reparadora e hidratante, parece que lo único de lo que hay que preocuparse para mantener la piel de un niño sana es de la higiene diaria y la protección solar. A lo sumo, también hay que acordarse de cortar las etiquetas de la ropa, que suelen ser de materiales sintéticos e irritantes.

     

    En general todo va sobre ruedas si se tiene la precaución de usar geles de baño y champúes suaves, de pH neutro, que deben cumplir los criterios de seguridad que marca la Unión Europea, así como leches hidratantes con agentes sencillos como la urea, la glicerina o el ácido láctico. Sobre todo porque por muy neutro que sea un jabón, tiende a resecar la piel, con lo que es fundamental hidratarla después de limpiarla.

     

    El toque final de colonia, que no es imprescindible, debe aplicarse siempre sobre la ropa y no sobre la piel o el pelo, en caso de quererse utilizar. En cambio, lo que no hay que olvidar es la protección solar siempre que los pequeños vayan a estar al aire libre, porque la piel tiene memoria y recuerda las agresiones. Una vez más, es aconsejable comprar productos especiales para niños que no contengan agentes irritantes.

     

    ¡Pica!

    Aun así, a pesar de las precauciones básicas, es inevitable que en algún momento los pequeños presenten erupciones, rojeces con o sin granitos o ampollas, que pueden infectarse si se rascan, lo que es casi inevitable, puesto que les pican enormemente. Se alivian con el uso de productos emolientes que reparan la función barrera de la piel, aunque, a veces, en algunos niños, reaparecen en épocas de estrés, con temperaturas extremas o asociadas a infecciones bacterianas.

     

    Se empieza a hablar entonces de dermatitis atópica, un desorden de componente hereditario que puede persistir hasta la adolescencia o la edad adulta. El pediatra, evidentemente, es quien tiene que valorar en cada caso qué tratamiento utilizar. Algunos profesionales recetan antihistamínicos, cremas de esteroides, antibióticos o inmunomoduladores tópicos (TIM).

     

    Mientras, las madres prueban a aplicar con insistencia la crema hidratante de toda la vida, porque otras madres les han dicho que funciona. La dermatitis es desesperante, pero tiende a mejorar con la edad. De hecho, sólo un 20% de los niños de más de 7 años continúan presentando manifestaciones.

     

    Lavarse las manos

    En cualquier caso, hay que controlar su evolución, pues los niños con dermatitis pueden desarrollar también impétigo, una enfermedad infecciosa muy contagiosa que provoca ampollas alrededor de la nariz y la boca y que requiere tratamiento con antibióticos locales o antisépticos tópicos y buenas normas higiénicas.

     

    Dicho de otra forma, es importante acostumbrar al niño a lavarse las manos antes de comer, al llegar a casa y antes de irse a la cama, y mantener sus uñas cortadas y limpias.

     

    Molusco contagioso

    Otra de las afecciones cutáneas típicas de la infancia es el molusco contagioso. Se trata de un virus que provoca la aparición de pequeñas protuberancias que parecen verrugas en diferentes partes del cuerpo. No duele y no tiene mayor importancia.

     

    De hecho, en la mayoría de los casos, las lesiones suelen desaparecer por sí solas al cabo de seis o nueve meses. Pero también existen opciones de tratamiento para acelerar su cura, como la aplicación de medicamentos tópicos o la extracción de las lesiones.

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