• Andrés Martínez, science journalist

    El olor corporal, algo más que una molestia

    20 Apr

    Nuestro cuerpo huele. Igual que huelen todos las animales de la Tierra. Las bacterias de nuestra piel descomponen el sudor y crean una huella personal de cada uno de nosotros. Y también las emociones y el atractivo sexual tienen reflejo olfativo. ¿Está despareciendo esta vía de comunicación por el auge de la higiene personal?

     

    La piel es el órgano refrigerador del cuerpo y con ese fin segrega sudor: su evaporación absorbe calor y mantiene la temperatura corporal en un nivel idóneo. Pero quizá sorprenda saber que el sudor por sí solo no es el culpable del olor corporal; ese dudoso honor recae en las bacterias que colonizan nuestra piel de forma natural. El líquido inodoro, aceitoso y rico en proteínas que segregan las glándulas sudoríparas es aprovechado por las bacterias de la piel como fuente de nutrientes y, fruto de la metabolización bacteriana, se desprenden sustancias orgánicas volátiles que generan el olor.

    La flora microbiana prolifera en las zonas del cuerpo donde abundan las glándulas sudoríparas y sebáceas (secretoras de grasa) y donde la humedad queda retenida por los pliegues corporales, la indumentaria y el calzado. No es de extrañar que axilas, ingles y pies sean las partes más olorosas de nuestro cuerpo.

     

    Comunicarse olfativamente

    Pero el olor corporal, lejos de ser una mera molestia que conviene remediar o enmascarar, cumple ciertas funciones, algunas conocidas desde hace siglos, ligadas al atractivo sexual, y otras reveladas hace poco. En las últimas décadas, los investigadores han descubierto que nuestro olor no sólo está condicionado por nuestra actividad física, sino también por la genética, la edad, el estado emocional y la alimentación, y que desempeña una función comunicativa de carácter social y sexual. La ciencia ha venido a confirmar lo que el saber popular ya conocía.

    Ahora sabemos que las glándulas de las axilas desprenden un olor distinto cuando estamos sometidos a estrés o excitados, olor que es posible percibir. De ese modo, nuestro olor corporal se convierte en un mensajero de emociones, como se ha comprobado con el miedo, por ejemplo. Algunas de las sustancias responsables comienzan a segregarse a partir de la pubertad, siendo algunas de ellas derivadas de la testosterona, una hormona sexual.

     

    Captamos 10.000 olores

    El hecho de que unas personas sean más sensibles al olor corporal parece radicar en nuestros genes. Así, la posesión de cierto gen intacto nos hace especialmente sensibles a uno de los componentes del sudor, el ácido isovalérico.

    Pero la dispar percepción del olor corporal no se explica por este único gen. El ser humano posee cientos de receptores olfativos capaces de distinguir hasta 10.000 olores, y su diversidad bien podría explicar por qué un aroma agradable para unos resulta insoportable para otros.

     

    Perfumes arrebatadores y desodorantes selectivos

    Muchas investigaciones persiguen descubrir de qué modo el olor corporal influye en el atractivo personal o el sex appeal a través de unas sustancias cuya actividad ha sido confirmada en las relaciones entre animales: las feromonas. Y es que, lógicamente, la industria perfumista ansía conocer las sustancias que podrían potenciar el atractivo de un perfume.

    Por su parte, la industria cosmética y la textil desarrollan aditivos antibacterianos y antitranspirantes para incorporar en desodorantes y tejidos. Se trata de inhibir las bacterias causantes del mal olor sin afectar a las bacterias beneficiosas, o bien de reducir las secreciones que se transforman en sustancias malolientes. Neutralizar a las principales culpables, las llamadas bacterias corineformes, se ha convertido en el objetivo.

     

    La revolución de la higiene

    La humanidad siempre ha convivido con el olor corporal. De ahí el secular uso de incensarios en las iglesias y de preciados perfumes y esencias. Hasta el siglo XIX el baño era una costumbre propia de las clases pudientes que solo se practicaba de forma esporádica. Los perfumes, lejos de cumplir una mera función estética, servían para disimular los efluvios personales. El pueblo llano, sobre todo el afincado en las ciudades, vivía inmerso en un ambiente insalubre que resultaría insufrible para nuestra nariz.

    La higiene corporal comenzó a difundirse merced a los avances en salud pública y, sobre todo, gracias a la universalización de las instalaciones sanitarias y del agua corriente en el siglo XX, sumadas a la expansión de la fabricación industrial de jabones, que ya había comenzado en el siglo anterior.

    El hábito generalizado de la ducha diaria y de los cuidados de la piel, que ahora nos parece normal, es una costumbre de muy reciente implantación en los países avanzados. Como consecuencia, nuestro olor corporal, reducido hoy al mínimo, ha pasado de ser un elemento notorio de nuestra personalidad a ser objeto de estudios científicos.

     

    Fuentes:

    International Journal of Cosmetic Science

    Historia del aseo

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