• Lourdes Varadé, chemical engineer

    Jabones “artesanos”: ¡peligro!

    5 Oct

     

    Fuentes:

    Parlamento Europeo

    ¿Quién no ha comprado jabones “artesanos”? Son omnipresentes en las tiendas especializadas, en los mercadillos ambulantes que proliferan por todas partes, en Internet… Está claro: todos queremos lo mejor para nuestra piel. Pero a menudo compramos por impulsos irracionales y no siempre acertamos en la elección.

     

    Parece que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor, “lo artesano” es lo más chic del momento. En un mundo de prisas donde todos llevamos la misma ropa, compramos la misma comida y usamos cosméticos clon, “lo artesano” parece resucitar toda esa cultura “slow”. De algo muy cuidado, de algo único, de algo muy personal, muy “saludable”. Y este movimiento retro llega al sector cosmético envolviéndose en la bandera de “lo artesano”, “libre de químicos nocivos”. Pero, ¡cuidado!, bajo ese fortísimo “claim” marketiniano se esconde algo no tan inocuo y bastante “borderline” con la legislación cosmética.

     

    ¿Qué es el jabón?

    El jabón va prácticamente ligado a los orígenes de la civilización. En tablillas de arcilla sumerias del 2250 a.C se cita una fórmula compuesta por cinco partes de ceniza y una parte de aceite.

    La fabricación de jabón, a diferencia de los otros cosméticos, que se fabrican mediante agitación de mezclas, se produce mediante una reacción química. La reacción de saponificación consiste en hacer reaccionar un ácido graso (aceite de coco, de oliva…) con un medio alcalino (sosa o potasa), lo que genera jabón y, como subproducto, glicerina. Tradicionalmente la ceniza era el medio alcalino. Incluso mi abuela la mezclaba en un barreño con grasa de cerdo y removía con un palo hasta que “cuajaba” el jabón… Sin embargo el proceso tradicional esconde un pequeño “pero”.

    La fabricación de jabón implica una relación molecular de 1:3 entre el ácido graso y la sosa. Con esta proporción se produce una reacción perfecta, generándose el jabón y la glicerina y sin obtener sosa como excedente. Este jabón sería neutro para nuestra piel.

    Pero si se echa sosa o potasa a granel hasta que la mezcla “cuaje”, ¡claro que se genera jabón! Un jabón sumamente alcalino y totalmente perjudicial para nuestra piel. Si nuestra piel se caracteriza por tener un pH ligeramente ácido, al usar estos jabones la piel adquiere un pH diametralmente opuesto. Nuestra epidermis sufre dos consecuencias inmediatas:

     

    1.- Tiene que trabajar para restaurar su pH.

    2.- Va a envejecer. Sí, va a envejecer. Precisamente, lo que caracteriza a las pieles envejecidas con respecto a una piel joven es que presentan pH más alcalinos.

     

    “Jabones mágicos”

    A estos jabones de “la abuela” se les ha llegado a denominar “jabones mágicos” porque eliminan toda suciedad de la ropa. ¡Cómo no van a eliminarla! Son jabones con exceso de sosa o potasa, agentes corrosivos que se usan para decapar pintura industrial. Lo sorprendente es que la ropa sobreviva al lavado. Imaginemos, pues, los efectos sobre la piel.

    Probablemente hay artesanos que fabrican jabones neutros, no lo ponemos en duda. Pero es preferible comprar un jabón fabricado guardando sus proporciones y con un protocolo de “Buenas Prácticas de Fabricación”. Debe tener su registro de fórmula en la autoridad sanitaria del país y el etiquetado ha de ser correcto (formula cualitativa, nomenclatura INCI).

    Vayamos al mercadillo como consumidores responsables y con los ojos bien abiertos ante el famoso “jabón mágico artesano”. Evitemos comprar un jabón que:

     

    - Promete eliminar la psoriasis (algo que sería ilegal vender como cosmético, puesto que sería un medicamento).

    - Carece de etiquetado (no cumple la legislación cosmética).

    - Tiene formas de frutas,  con “toppings” u olores de frutales (está prohibido crear cosméticos que recuerden a comida y que puedan ser confundidos con ella e ingeridos accidentalmente por niños).

     

    Así evitaremos arriesgarnos a estropear nuestra piel con un producto corrosivo.

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